El maestro, mirando de soslayo al chico le
dice: -Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no
puedo ayudarte.
De nuevo el joven sintió que una vez más
era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le
dijo: -Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo -dijo el sabio
quitándose el anillo de uno de sus dedos- ve al pueblo en el caballo que tengo
allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero
escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro
¡Está claro!?
El muchacho se puso feliz de ver que podía
ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que
estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo el día ofreciendo el anillo,
pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si
pretendes cambiar esa joya”, decían unos.
Otros, tan pronto mencionaba el valor del
anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio,
resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza
agachada, de su fracasado intento de vender la joya.
El sabio le dijo de nuevo: -Mira, hagamos lo
correcto. Lleva este anillo al joyero del pueblo. Dile que lo valué, pero
escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.
El chico, feliz, fue al pueblo y se
presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo
examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente
exclamó: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte¡ Se quitó los lentes y
mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado. - Mira, muchacho. Dile al
dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡cincuenta y ocho monedas de oro por
ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta
¡Setenta monedas de oro!
El chico casi se desploma cuando escuchó la
oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro.
Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo: - Debes tener
mucho cuidado con la opinión de los demás. No
todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que
no creas todo lo que te han dicho de ti.
“Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” S. Jn. 3:16 ESE ES EL VALOR QUE PARA DIOS TIENE TU VIDA; ¡NO ACEPTES
MENOS!