martes, 16 de julio de 2013

CUANTO VALES


  
Una vez un muchacho que estaba muy deprimido fue a ver a un hombre que tenía fama de ser muy sabio. Cuando llegó a la casa del hombre le dijo: - Señor, vengo a que me ayude. Me siento muy mal. Soy un fracasado. Nadie me tiene en cuenta, todo el mundo me rechaza, mis hermanos me dicen que yo no sirvo para nada, que soy un idiota. En el colegio, mis compañeros me desprecian, nadie me tiene en cuenta. En verdad que soy un fiasco.

    El maestro, mirando de soslayo al chico le dice: -Mira, muchacho, yo, igual que tú, también tengo problemas, así que no puedo ayudarte.

    De nuevo el joven sintió que una vez más era rechazado, pero cuando ya se iba a ir del lugar el maestro lo llamó y le dijo: -Ya que estás aquí hazme un favor. Toma este anillo -dijo el sabio quitándose el anillo de uno de sus dedos- ve al pueblo en el caballo que tengo allí amarrado y trata de vender la joya. Necesito urgentemente ese dinero. Pero escucha bien esto. ¡No vayas a dar ese anillo por menos de una moneda de oro ¡Está claro!?


    El muchacho se puso feliz de ver que podía ser útil. Rápido se montó en el caballo y se fue al mercado del pueblo que estaba atiborrado de comerciantes. Estuvo todo el día ofreciendo el anillo, pero cuando mencionaba el precio, la gente se reía. “Se nota que no tienes idea de lo que vale una moneda de oro si pretendes cambiar esa joya”, decían unos.

   Otros, tan pronto mencionaba el valor del anillo, se mofaban o miraban para otro lado. Cansado de tanto desprecio, resolvió volver donde su maestro. Una vez frente a él le contó, con la cabeza agachada, de su fracasado intento de vender la joya.

   El sabio le dijo de nuevo: -Mira, hagamos lo correcto. Lleva este anillo al joyero del pueblo. Dile que lo valué, pero escucha bien, no lo vendas. No importa cuánto dinero te ofrezca.

    El chico, feliz, fue al pueblo y se presentó ante el joyero. Éste tomó el anillo en sus manos y cuidadosamente lo examinó con una lupa, luego le hizo una prueba con unos ácidos y finalmente exclamó: ¡Esto si que es una verdadera obra de arte¡ Se quitó los lentes y mirando al muchacho le dijo en tono muy emocionado. - Mira, muchacho. Dile al dueño de esta joya que le doy ya mismo ¡cincuenta y ocho monedas de oro por ella! Pero que si se espera unos ocho días más, le puedo subir el precio hasta ¡Setenta monedas de oro!

    El chico casi se desploma cuando escuchó la oferta del joyero. Montó el caballo y corrió a galope hasta donde el maestro. Cuando le relató el suceso al hombre, el anciano sabio le dijo: - Debes tener mucho cuidado con la opinión de los demás. No todos tienen la capacidad de valorarnos en lo que verdaderamente somos. Así que no creas todo lo que te han dicho de ti.


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” S. Jn. 3:16 ESE ES EL VALOR QUE PARA DIOS TIENE TU VIDA; ¡NO ACEPTES MENOS!



lunes, 15 de julio de 2013

Cachorritos en venta

   El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que leía: “Cachorritos en venta”.

   Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando: "¿Cuál es el precio de los perritos?"
El dueño contestó: "Entre $30 y $50". El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas: "Sólo tengo $2.37... ¿Puedo verlos?". El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba.


  "¿Qué le pasa a ése perrito?", preguntó. El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida.

    El niñito se emocionó mucho y exclamó: "¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!". Y el hombre replicó: "No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo". Y el niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo: "Yo no quiero que usted me lo regale. El vale tanto como los otros perritos yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis $2.37 ahora y 50 centavos cada mes hasta que lo haya pagado completo".

   El hombre contestó: "Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo. El nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos".

   
El niñito se agachó y se levantó la pierna de su pantalón para mostrar su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: "Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda".

    El hombre estaba ahora mordiéndose el labio, y sus ojos se llenaron de lágrimas... sonrió y dijo: "Hijo, sólo espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú".
    No importa mucho cómo eres o cómo luces, pero sí que alguien te aprecie por tu interior, te acepte y te amé incondicionalmente.  ¡Ese Alguien es Dios!

Difícilmente muere alguno por un justo. Con todo, podría ser que alguno osara morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Ro.5.7-8


Aportado por: Equipo De Selah

viernes, 12 de julio de 2013

Ascuas de fuego


     Dos campesinos vecinos se encontraron, y uno de ellos con tono áspero dijo al otro: –Recientemente hallé unas vacas tuyas en mi prado. Las eché hacia la carretera, y si las vuelvo a encontrar haré lo mismo. Después de algún tiempo los campesinos se encontraron nuevamente; esta vez el otro habló primero y con todo amable dijo: –Algunos de tus caballos estaban en mi campo de avena. Los llevé hasta tus pastos y reparé el alambrado. Si esto ocurre otra vez, haré lo mismo.

       Con esto había amontonado “ascuas de fuego” sobre la cabeza de su vecino. Si las vacas hubiesen pacido en otro campo de pastoreo, no hubieran sufrido ningún daño; pero los caballos en un campo de avena habrían podido comer demasiado hasta enfermarse.

       Esperamos que las palabras del segundo campesino hayan tocado la conciencia del primero y lo hayan convencido de cuán frío y desconsiderado fue su comportamiento, mientras su vecino se mostró amable y comprensivo.

       Esforcémonos en preocuparnos por los demás, aun cuando nuestro prójimo nos odie o se muestre frío con nosotros. Tal testimonio honra a nuestro Dios y Padre, y a la larga tendrá un efecto bienhechor en los demás. No olvidemos que Cristo se entregó por nosotros cuando aún estábamos en rebeldía y pecado, alejados de Dios.


martes, 9 de julio de 2013

Conozco al presidente!!!


   Ayer tuve la oportunidad de conocer al presidente del Perú. Fue un encuentro emocionante. Hubo una gran cantidad de invitados, mucha música, alegría y diversión. Todo estaba muy emotivamente preparado, habían banderas, y muchísima gente. Estuvimos en la base de la Fuerza Aérea en las Palmas en Surco.

  
 Era un día especial ya que se celebraba el día de la Fuerza Aérea Peruana. Llegó el momento culminante, al final, mucha gente esperaba al Presidente Toledo que saliera para despedirse a lo lejos. El Presidente Toledo no subió a su auto, caminó hacia la salida y en un momento determinado pudimos estar frente a él. El señaló a mi hijo Sergio Andrés y dijo: "quiero a ese chiquito", así que la seguridad abrió paso y Toledo le dio un beso en uno de sus super cachetes. Luego nos retiramos con el placer de haber logrado tomarnos una foto con el Presidente del Perú (es la segunda vez que puedo tomarme una foto con un presidente peruano).

   Sin embargo, este acercamiento fugaz, lleno de emoción no me permite decir a mí que "conozco al presidente". Así sucede con muchas personas que creen que conocen a Dios. Tienen un encuentro fugaz, super emocionante, en reuniones sumamente emotivas. Pero no pasa nada. Sólo "gustaron" un momento la presencia de Dios más no le conocieron realmente. Para conocer a alguien tenemos que pasar tiempo con esa persona. Para conocer a Dios tenemos que pasar tiempo con Él.

   Los animo a que momento a momento busquen conocer a Dios pasando tiempo con Él cada día.


   "He aquí Yo estoy a la puerta y llamo, si alguien oye mi voz y abre la puerta, Yo entraré a él, y cenaré con él y él conmigo..." Apocalipsis 3:20

lunes, 8 de julio de 2013

Ahora lo Entiendo


  Siendo niño pertenecí al Movimiento Scout. Ahí nos enseñaban, entre otras cosas, la importancia de la "Buena Acción" que consistía en realizar todos los días actos generosos y nobles, como recoger algún papel en la calle y botarlo en la papelera, ayudar en la casa a lavar platos, cuidar la fauna y la flora, ayudar a alguna persona anciana o impedida a cruzar la calle, etc. Me gustaba mucho cumplir esa tarea.

   Un día caminaba por una calle de la ciudad de Coro y vi a un perro tirado en plena vía sin poder moverse. Estaba herido, un carro lo había atropellado y tenía rotas las dos patas traseras, los vehículos le pasaban muy de cerca y mi temor era que lo mataran porque era imposible que él solo pudiera levantarse.

   Vi allí una gran oportunidad para hacer la "Buena Acción" y como buen Scout detuve el tráfico, me dispuse a rescatar al perro herido y ponerlo a salvo para entablillar-le las patas. Yo nunca había entablillado a nadie pero el "Manual Scout" decía cómo hacerlo. Con mucho amor y entrega me acerqué, lo agarré pero me clavó los dientes en las manos.
Inmediatamente me llevaron a la Sanidad y me inyectaron contra la rabia, aunque la rabia por la mordida no se me quitó con la vacuna.

   Durante mucho tiempo no entendí por qué el perro me había mordido si yo sólo quería salvarlo y no hacerle daño, no sé que pasó y no me lo pude explicar. Yo quería ser su amigo, es más, pensaba curarlo, bañarlo, dejarlo para mí y cuidarlo mucho. Esta fue la primera decepción que sufrí por intentar hacer el bien, no lo comprendí. Que alguien haga daño al que lo maltrata es tolerable, pero que trate mal a quien lo quiera ayudar no es aceptable.

   Pasaron muchos años hasta que vi claro que el perro no me mordió, quien me mordió fue su herida; ahora si lo entiendo perfectamente.
   Cuando alguien está mal, no tiene paz, está herido del alma y si recibe amor o buen trato: ¡Muerde! Pero él no hunde sus dientes, es su herida la que los clava.

   Comprende el malestar de las personas que te rodean.
Cuando alguien te grita, te ofende, te critica o te hace daño no lo hace porque te quiere mal sino porque está herido, está herido del alma, se siente mal o algo malo está pasando por su vida. No te defiendas ni lo critiques, más bien compréndelo, acéptalo y ayúdale. Ahora lo entiendo.


Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.” 2Tes.3:13

jueves, 4 de julio de 2013

Desde una silla de ruedas

   
Una mujer llamada Nancy puso el siguiente anuncio en su periódico local: “Si se siente solo o tiene algún problema, llámeme. Yo estoy en una silla de ruedas y raras veces salgo. Podemos compartir nuestros problemas mutuamente. Sólo tiene que llamarme. Me encantaría conversar.” La respuesta a ese anuncio fue sorprendente: 30 llamadas o más por semana.

  ¿Qué motivó a esta mujer a querer llegar a los demás desde su silla de ruedas para ayudar a los necesitados? Nancy explicó que antes de su parálisis había disfrutado de perfecta salud, pero se encontraba muy desesperada. Trató de suicidarse saltando desde la ventana de su apartamento, pero la caída la dejó paralítica de la cintura para abajo.

   En el hospital, totalmente frustrada, percibió que Jesús le decía: “Nancy, has tenido un cuerpo sano, pero el alma lisiada. Desde ahora vas a tener un cuerpo lisiado y un alma sana.” Como resultado de esa experiencia entregó su vida a Cristo. Cuando finalmente le permitieron volver a la casa oró para encontrar una manera de compartir la gracia de Dios con los demás, y se le ocurrió la idea del periódico.

   Todos los creyentes pueden hacer algo para ayudar a los demás. Por limitados que estemos por una enfermedad, ancianidad o incapacidad, aún podemos orar, llamar o escribir. Cualquiera que sea nuestra condición podemos ser testigos eficaces de Cristo.


ES SÓLO CUANDO HEMOS HABLADO CON DIOS SOBRE LA GENTE QUE PODEMOS HABLAR CON LA GENTE SOBRE DIOS

lunes, 1 de julio de 2013

Cada uno da de lo que tiene...

  
Hace algún tiempo, mi mujer ayudó a un turista suizo en Ipanema, quien dijo haber sido víctima de unos ladronzuelos. Con un marcado acento, y en pésimo portugués, afirmaba haberse quedado sin pasaporte, sin dinero y sin un lugar para dormir.

  Mi mujer le pagó el almuerzo, le dio la cantidad necesaria para que pudiera pasar la noche en un hotel, hasta que se pusiera en contacto con su embajada, y se fue.

  Días después, un diario carioca publicaba la noticia de que el tal “turista suizo” era en realidad un original malandra carioca, que simulaba un falso acento y abusaba de la buena fe de las personas que amaban Río y querían compensar la imagen negativa que -justa o injustamente- se transformó en nuestra tarjeta de presentación.

  
Al leer la noticia, mi esposa sólo comentó: “no será esto lo que impida que ayude a la gente”.

  Su comentario me hizo recordar la historia del sabio que, cierta tarde, llegó a la ciudad de Akbar. Las personas no dieron mucha importancia a su presencia y sus enseñanzas no consiguieron interesar a nadie. Después de algún tiempo, él pasó a ser motivo de risa y burlas por parte de los habitantes de la ciudad.

   Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar, un grupo de hombres y mujeres comenzó a insultarlo. Pero en lugar de fingir que no se daba cuenta de lo que ocurría, el sabio se acercó a ellos y los bendijo.

Uno de los hombres comentó:
- ¿Será, después de todo, que el hombre es sordo? ¡Le gritamos cosas horribles y él sólo nos responde con palabras bellas!

- Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene -fue la respuesta del sabio.