Se cuenta de cierto campesino que tenía una mula ya vieja. En un
lamentable descuido, la mula cayó en un pozo que había en la finca. El
campesino oyó los bramidos del animal, y corrió para ver qué ocurría. Le dio
pena ver al animal en esa condición, pero después de analizar la situación,
creyó que no había modo de salvarlo, y que más valía sepultarlo en el mismo
pozo.
Llamó a sus vecinos, les contó lo que estaba ocurriendo y les pidió que
le ayudaran a enterrar la mula en el pozo para que no continuara sufriendo. Al
principio, la mula se puso histérica. Pero a medida que los hombres continuaban
paleando tierra sobre sus lomos, una idea vino a su mente. Se le ocurrió que
cada vez que una pala de tierra cayera sobre sus lomos... ella debía sacudirse
y subir sobre la tierra. Esto hizo, palada tras palada. ¡Sacúdete y sube...
sacúdete y sube! No importaba cuán dolorosos fueran los golpes de la tierra y
las piedras sobre su lomo, la mula luchó contra el pánico, y continuó sacudiéndose
y subiendo.
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea
humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que
podéis resistir, sino que dará también
juntamente con la tentación la salida,
para que podáis soportar.” 1Cor.10:13
¡ASÍ
ES LA VIDA! Los mismos problemas nos dan el potencial para vencerlos.
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