Atemorizados
los vaqueros, obedecieron las ordenes
salidas de las sombras, y se disponían a
proseguir su extraviado camino cuando la voz les volvió a hablar: “Mañana
estarán muy contentos por lo que han hecho, pero también muy tristes.”
A las primeras luces del día, los asombrados
vaqueros se dieron cuenta que las piedras que habían recogido del lecho del río
eran diamantes, por lo que sintieron gran alegría... pero también sintieron
gran tristeza al considerar que habrían podido recoger muchos más si hubieran
sabido de lo que se trataba.
En nuestra juventud,
recogemos con el estudio y la dedicación,
algunos diamantes que después en nuestra vejez nos alegramos de
haber recogido y al mismo tiempo nos
entristecemos por no haber cosechado
más.
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros
días, que traigamos al corazón sabiduría.” Sal.90:12
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